
Un comando de sicarios asesinó a 17 jóvenes en el centro de desintoxicación el Aliviane, situado en Ciudad Juárez, Chihuahua y el pasado 1 de junio, cinco hombres murieron y otros tres resultaron heridos en un ataque a otro centro de desintoxicación.
Esto parecería un hecho sin sentido pero no lo es. Resulta más lógico que asesinar policías, agentes ministeriales o jueces ya que si la gente deja de consumir drogas atentan directamente contra el narcotráfico.
Y esto es porque quienes consumen las drogas son realmente el narcotráfico y no quienes la distribuyen. Si el consumo se acaba, el narcotráfico también. Por eso a los narcos no les conviene que las personas se rehabiliten.
El tratamiento que públicamente se ha dado a los consumidores de drogas es lo que ha causado el gran crecimiento en este sentido, se les ha tratado como víctimas, sin responsabilizárseles del daño colateral que este problema nos trae a todos los demás, se ha satanizado mas a los fumadores que a los drogadictos.
Sin los consumidores no existiría mercado y sin mercado no habría lugar para que se disputaran su control las grandes mafias del narco, ni para que asesinaran policías, ni para que corrompieran autoridades en todos los niveles.
Son los consumidores la causa de toda esta ola criminal que vivimos y no propiamente dicho los narcos, ellos solamente acaparan los titulares.
Todos los días vemos la historia de algún artista famoso que consume drogas o entró a rehabilitación y son tratados como personas en desgracia, pero a nadie se le ocurre juzgarlos con la severidad que se merecen, porque son ellos quienes ha permitido con su toxicomanía que este cáncer social haya llegado a los niveles que actualmente tiene.
Si los medios, la sociedad y las leyes, empezaran a juzgar y a castigar con toda severidad a quienes consumen drogas se avanzaría más que apresando capos de la droga o graperos, porque apenas quitan a uno llega otro a ocupa su lugar y es cuento de nunca acabar en tanto el consumo no desaparezca.
Si luchas contra un dragón de mil cabezas pégale en el corazón; y en este caso el corazón es el consumidor.